21 diciembre 2010

Es cuestión de caer, y levantarse...
De acoplar al pecho las espinas que son viejas e intuir en los tropiezos escalones.
De poner al labio travesuras y en la frente una luz que resplandezca.
O de plegar la herida a los costados y hacer grullas de papel sobre quimeras que redoblen con su pluma el sentimiento.
Es cuestión también de ser inmune a las miradas y a los dedos que fusilan con su garda. De cambiar el vidrio a la ventana... y hacer lluvia del cristal de los espejos  o de asirse a una fóvea entre las cejas que reciba desafiante, los conjuros, y verterlos como al rió, la montaña, diluyendo en la retina su veneno.
O al final es cuestión de dar la mano a la otra mano y alzar el cuerpo una misma, aunque recaiga, y no sepa donde diablos esta el suelo.