Finalmente había llegado, era el día de la boda de Ana.
Este era el día con que tanto había soñado e invertido meses en planificarlo. La diminuta y pintoresca iglesia estaba llena de amigos y familiares. Los rayos del sol penetraban cálidamente a través del colorido virtual, y la suave musica de un cuarteto de cuerdas resonaba por todo el auditorio. Ana desfiló por el pasillo de la iglesia hasta encontrarse con David. El gozo que experimentaba era obvio. Este era el momento que había esperado por largo tiempo. David tomó gentilmente su mano, y ambos se colocaron frente al altar.
Pero cuando el ministro le pidió a Ana y a David que se expresaran mutuamente los votos de compromiso matrimonial, algo inesperado ocurrió. Una hermosa joven se puso de pie en medio de la congregación, caminó hacia el altar y tomó la otra mano de David. Otra joven se acercó y se paro al lado de la primera, seguida por otra joven más. Pronto había seis bellas jóvenes de pie al lado de David, mientras éste le expresaba sus votos a Ana.
Los labios de Ana comenzaron a temblar, mientras sus ojos se inundaban con lágrimas.
-¿Que chiste es este? - le susurró Ana a David.
-Lo...lo siento mucho Ana- Dijo él sin levantar la visa.
-David ¿quienes son esas chicas?¿que esta sucediendo?- dijo ella con voz entrecortada.
-Son las chicas de mi pasado- respondió él con tristeza- Ana, ella no significan nada para mi... pero en realidad es que a cada una de ellas, les he entregado parte de mi corazón.
-Pero yo pensé que tu corazón me pertenecía solo a mí- dijo ella.
- Así es, así es - dijo él entre ruegos- todo lo que queda... te pertenece.
Una lagrima rodo por la mejilla de Ana y entonces despertó.